"¿Quién no ha tenido una alguna vez?" - decían mis amigos.
Para mí seguía siendo inaceptable. "No todos", pensaba yo. Cuando entré a la universidad, luego de haber decidido que estudiaría periodismo, me prometí a mí misma que no me cambiaría de carrera. Tenía que terminar aquello con lo que había empezado, y no estaba dispuesta a permitir que los sentimientos se involucraran. Después de todo ¿estaría plenamente feliz en alguna carrera? Creo que no nací para nada (como alguna vez dije, o no soy buena en nada, o soy un poco buena en muchas cosas).
Los pensamientos se alborotaban en mi cabeza, y pronto ya era demasiado tarde para detener las lágrimas. Extrañamente, ésta vez (probablemente primera vez en mi vida) dejé a Kelly con su música, dejé el blog y las entradas, dejé los papeles manchados de lágrimas y decidí hablar... Después de todo ¿por qué no hacerlo? Tenía a la persona perfecta a mi lado. La única persona con la que he tenido suficiente confianza como para abrir las puertas de mi corazón.
Luego de esa conversación, mis emociones comenzaron a ceder; la racionalidad se apoderó de mí, y esa noche barajaba todas las posibilidades. Por suerte, a alguna hora debía llegar mi extasiante distracción.
Esperé al momento indicado, y, apresuradamente -debo reconocerlo- tomé una decisión (aunque aún no es definitiva). La impulsividad logró calmar mi ansiedad, y aún sigo con la idea de seguir dos carreras paralelas. Dejar periodismo no está entre mis opciones; pero se que no me siento completa así. Estoy buscando algo más, algo que llene esta parte de mí que aún permanece vacía.
Periodismo y pedagogía básica. Tal vez tú creas que será demasiado para mí, pero estoy dispuesta a aceptar el desafío...
Desde un marco lejano, me veo a mí misma persiguiendo un sueño, corriendo desesperadamente por alcanzarlo. Nada importa mientras disfrute el camino hacia esa realización.
Aquí voy
Mostrando entradas con la etiqueta Aprendí algo nuevo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Aprendí algo nuevo. Mostrar todas las entradas
sábado, 12 de mayo de 2012
jueves, 5 de abril de 2012
Así sí
Déjame permanecer en este momento maravilloso. No te lleves este segundo en que nuestros corazones comparten un sólo latido, porque están realmente conectados.
Aprender a someterme a la rapidez que tiene el tiempo cuando lo paso a tu lado, comprender que no siempre puedo sentirme completa. Depende de ti salvarme, enséñame a decir lo que siento, enséñame a abrirle este corazón a alguien más que a mí misma...
En este preciso momento permanecemos enredados; nos comprendemos a la perfección porque nuestros corazones comparten un sólo latidos, porque están realmente conectados.
Te quiero; te quiero tanto que hasta mi imaginación está superada.
Aprender a someterme a la rapidez que tiene el tiempo cuando lo paso a tu lado, comprender que no siempre puedo sentirme completa. Depende de ti salvarme, enséñame a decir lo que siento, enséñame a abrirle este corazón a alguien más que a mí misma...
En este preciso momento permanecemos enredados; nos comprendemos a la perfección porque nuestros corazones comparten un sólo latidos, porque están realmente conectados.
Te quiero; te quiero tanto que hasta mi imaginación está superada.
miércoles, 28 de marzo de 2012
La culpa asesinada a sangre fría
Aquella noche helaba, sin embargo, las mujeres lucían sus largos y coloridos vestidos con suma elegancia. Se movían gráciles de un lado a otro, y el castillo de Chambord, ubicado a 14 kilómetros al este de Blois, se llenaba de murmullos, conversaciones animadas y música que resonaba en todas sus paredes.
Estaban allí todas las familias invitadas. Era el baile más importante del año; las mascaradas siempre prometían sorpresas. Mujeres que se atrevían a seducir detrás de sus antifaces, y caballeros que buscaban descubrir qué había más allá.
El salón del castillo relucía con el brillo de las enormes lámparas, unas majestuosas cortinas de seda roja caían en las ventanas, el suelo brillaba y el techo y las paredes tenían llamativos diseños pintados en color oro.
Algunos retratos decoraban la habitación, y había unas cuantas sillas, a juego con las cortinas, para aquellos que no fueran a bailar.
Los elegantes carruajes se detenían junto a la puerta del castillo, y los empleados recibían a todos los invitados con una elegante reverencia que luego los conducía al salón principal.
Cuando la habitación estaba repleta de gente, la orquesta se preparó para el primer baile. Se formaron dos hileras, una de hombres y otra de mujeres, y comenzaron a bailar. Con un delicado primer paso, se abrió lugar a una coreografía rigurosa. Todos seguían el ritmo de la música y daban los pasos con exactitud. A veces aplaudían, otras, hacían resonar el suelo con sus zapatos.
Cambiaban las parejas, la gente sonreía, la música continuaba sonando y todos parecían ir al ritmo del agitado baile, excepto uno de los invitados.
Rezagado en una de las esquinas del salón, estaba Frédéric Goncourt, un hombre alto y apuesto, con un disfraz de pierrot, que iba a juego con su rostro maquillado de blanco. Sostenía la cabeza entre las manos, y su pelo castaño le caía desordenado hacia delante.
Cuando Diane miró a aquella esquina, inmediatamente dejó de bailar. Aunque no podía ver los brillantes ojos de Frédéric, sabía que era él. Podía reconocerlo sin importar la distancia que los separara.
Diane tenía sólo 16 años, pero su madre una vez le había dicho que Frédéric era el hombre para ella, y desde entonces, no había podido sacarse la idea de la cabeza. Aquella noche lucía un elegante vestido color rosa pálido y detalles blancos. Su larga cabellera rubia estaba recogida con una flor a juego con su vestido, y una pieza única adornaba su cuello delicado. Los ojos le brillaban por la esperanza de estar con Frédéric; estaba segura de que lo conquistaría en aquel baile.
Caminó hacia él, con pasos llenos de gracia, mirando coqueta a través de la máscara con sus ojos azules. Ensayaba en su cabeza una y otra vez las palabras.
“Buenas noches, Frédéric” – le dijo suavemente, y acompañó su saludo con una reverencia.
Él levantó la cabeza y dirigió su mirada hacia ella. Diane era la única capaz de quitarle todo el dolor y la culpa que sentía. Sus inmensos ojos azules lo invadieron de calma, se sintió renacer.
“Buenas noches” – respondió. “¿Qué ocurre que no estás bailando?” – le preguntó con una leve sonrisa en los labios.
Diane pudo sentir como sus mejillas se sonrojaban; pensó en decirle que lo único que quería era bailar con él alguna pieza, que no podía dejar de mirarlo a la distancia y que al fin había reunido el valor suficiente para acercarse a él y saludarlo.
“¿Qué ocurre que tú no estás bailando?” – dijo ella evadiendo la pregunta, y quitándose el antifaz que cubría su rostro.
Él la miró con detalle, seducido por la delicada línea de su sonrisa, cautivado por el brillo enigmático de sus ojos, y dejó que las palabras fluyeran de sí: “¿Me concederías esta pieza?” – dijo al tiempo que estiraba su mano para recibir la de ella.
Diane posó sus dedos con delicadeza sobre los de Frédéric y ambos caminaron a la pista de baile.
No dejaban de mirarse fijamente, y sus pasos iban al son de la música. Tras cada movimiento, una bocanada de aire impregnado con el dulce aroma de Diane quedaba flotando en el aire, y Frédéric hacía lo posible por conservar cada nota de aquella esencia en su memoria. Esos momentos le parecían maravillosos, le recordaban que valía la pena vivir.
Bailaron muchas canciones, un baile tras otro, y cuando por fin la orquesta se decidió a tocar la canción favorita de Frédéric, él decidió que era el momento indicado.
“Diane…” – comenzó diciendo, pero sus intenciones de hablar se vieron interrumpidas por gritos alarmados dentro del salón. Alguien había irrumpido en el baile montado en su caballo y blandiendo una espada.
“Pagarás por lo que has hecho” – gritó el hombre sobre el caballo, dirigiéndose a Frédéric. Él sabía precisamente de quién se trataba; no necesitaba ver su rostro para adivinarlo, y también conocía de antemano los cargos por los cuales lo estaban culpando. Aquella noche debía morir, o volver a matar.
Se bajó del caballo de un salto, y al sacarse su máscara, causó gran impresión en todos los presentes. Era Jacques, el hermano mayor de Frédéric.
“¿Qué está pasando?” – preguntó Diane con el rostro desfigurado por la impresión. Estaba asustada y confundida. Quería refugiarse en los brazos de su amado, pero aquella situación lo involucraba a él también.
Ocurrió lo que ella tanto temía. “¡Toma tu caballo y sígueme por el bosque!” – le dijo Jacques a su hermano, “Esta noche pagarás por haber asesinado a nuestra madre”.
Se escuchó un grito ahogado en toda la habitación, seguido de un murmullo incesante. Frédéric se alejó de Diane sin decir una palabra, y montó su caballo negro para salir a aquella fría noche de invierno y lanzarse en una batalla a muerte con su hermano mayor.
Galoparon hasta que se habían alejado lo suficiente de la fiesta. Se encontraban perdidos entre los 14 kilómetros de bosque que rodeaban el castillo de Chambord.
Entre insultos y frases entrecortadas por la rabia, Jacques se bajó de su caballo. Tenía 26 años, se parecía mucho a su hermano, pero era un poco más alto y musculoso. Lucía un disfraz, como si alguna vez hubiese tenido la intención de ir al baile.
Desenvainó su espada, y Frédéric le siguió. Inmediatamente, y sin pensarlo, se batieron a duelo. Se oía con nitidez el choque de los metales, y Jacques no dejaba de gritar. Guiado por la rabia, sus movimientos eran mucho más rápidos y acertados que los de Frédéric.
Parecía que el hermano menor estaba dispuesto a morir. Aquella tarde había envenenado a su madre sin piedad. Ahora, tal vez se arrepentía, y veía la muerte como el único castigo que podría liberarlo de la inmensa culpa que sentía.
No sabía por qué lo había hecho, ni siquiera sabía por qué seguía luchando si él mismo sentía que debía morir. Claire siempre había sido una mujer maravillosa, la mejor madre que pudo tener, y él estaba consciente de ello, pero todo había ocurrido en un momento de arrebato, y no había tenido la suficiente hombría como para confesarle a su hermano lo que había hecho. Escondió el cuerpo de su madre en el armario, y antes de cerrarlo, le cubrió con sus ropas los ojos aún abiertos que parecían preguntarle el motivo de aquel asesinato.
Sumido en sus pensamientos, casi no alcanzó a notar cuando Frédéric lo atravesó con su espada afilada.
Aunque la herida no había sido en su corazón, no tardaría en morir desangrado.
Escuchó que algunos carruajes llegaban al lugar donde se encontraban, pudo oír también los gritos de Diane, que le rogaba desde la lejanía que tuviera fuerzas, que no la dejara. Sintió cómo su mejor amigo, Loic, lo levantaba del suelo. Y otros dos asistentes al baile, a quienes no pudo reconocer, lo ayudaban en vano.
“Jamás podré perdonarte”, dijo Jacques, y eso fue lo último que Frédéric alcanzó a oír antes de que su corazón dejara de latir. Aquella noche se llevaba a la tumba el amor, la esperanza y la culpa.
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Valparaíso
Camino en silencio, estoy rodeada de paredes de múltiples colores. El aire evoca recuerdos, inhalo una bocanada de nostalgia.
Valparaíso... Caminos innumerables; cada uno de ellos con un destino, con una historia que contar.
Graffitis, mosaicos, pasajes que piden a gritos ser recordados. Esta ciudad maravillosa tiene una mirada única y su alma es inmensamente antigua.
Valparaíso... Caminos innumerables; cada uno de ellos con un destino, con una historia que contar.
Graffitis, mosaicos, pasajes que piden a gritos ser recordados. Esta ciudad maravillosa tiene una mirada única y su alma es inmensamente antigua.
Jamás conocerás otro lugar como Valparaíso. Ésta ciudad se esconde entre sueños y melodías inexistentes... Se llena de las historias de los porteños, quienes hacen vivir sus paredes, sus suelos y su cielo azul.
Se alzan ante mí, cientos de escaleras, y todas ellas sienten algo. Algunas lloran, algunas ríen... Otras, permanecen llenas de polvo, atrapadas en el olvido de quienes jamás volvieron a recordar su ubicación; extrañan a los que ya no están para hacerlas vivir, los que han fallecido junto a sus historias.
Estuve en Valparaíso. Pude percibir su muerte convertida en vida, en colores, en murales y escalones...
jueves, 10 de noviembre de 2011
Sean bienvenidos al Persa Bio Bío
El único lugar en donde además de ropa barata, accesorios para el celular, los mejores audífonos para aislar el sonido, juegos de play, nintendo y xbox, entre tantas otras cosas, seguro encontrarás sonrisas e historias cautivadoras.
El Persa es como cualquier centro comercial en Santiago con la diferencia de que el dueño de la tienda te recibe siempre con una sonrisa, un piropo, una oferta especial y un precio "que ha sido pensado para ti".
Jamás esperé econtrarme con tan grata sorpresa.
¿Y quién diría que por hacer un trabajo, acabaría enamorada de un nuevo sector de mi divertida y exótica ciudad? Es esto lo que me cautiva del periodismo: La posibilidad de conocer nuevas realidades de las que alguna vez creí me encontraba demasiado alejada.
Es maravillosa la facilidad con que sonreímos tras la sonrisa y sentimos con el relato. Es maravilloso tener la posibilidad de experimentar lo que nunca antes habíamos experimentado.
Casi un nuevo mundo, a sólo unas varias estaciones de metro del mio...
El Persa es como cualquier centro comercial en Santiago con la diferencia de que el dueño de la tienda te recibe siempre con una sonrisa, un piropo, una oferta especial y un precio "que ha sido pensado para ti".
Jamás esperé econtrarme con tan grata sorpresa.
¿Y quién diría que por hacer un trabajo, acabaría enamorada de un nuevo sector de mi divertida y exótica ciudad? Es esto lo que me cautiva del periodismo: La posibilidad de conocer nuevas realidades de las que alguna vez creí me encontraba demasiado alejada.
Es maravillosa la facilidad con que sonreímos tras la sonrisa y sentimos con el relato. Es maravilloso tener la posibilidad de experimentar lo que nunca antes habíamos experimentado.
Casi un nuevo mundo, a sólo unas varias estaciones de metro del mio...
![]() |
| Almorzando |
![]() |
| World of Nintendo...Éxtasis |
![]() |
| Zapatillas de bebé y nuevo amigo |
domingo, 4 de septiembre de 2011
Mi primera colecta (Un techo para Chile)
Hoy aprendí que en las calles de mi ciudad se encuentra de todo.
Hay que guardarse los prejuicios, y estar preparado para sacar el puño por si es que la sonrisa no da resultado.
Aprendí que el más humilde puede ser el más generoso; y que el orgullo de un niño que ha entregado la moneda de $100 que ahorraba en su pantalón, es más grande que cualquier cosa.
Supe por fin que en las calles la gente busca algo que cambie su rutina... Comprendí que mi sonrisa es perfecta para hacerlo.
Entendí que mientras más grande la sonrisa, más grande la cooperación; y que hay algunos que no entienden eso...
Aprendí que la gente agradece que les des la instancia de cooperar; y que muchos entienden el dicho que dice "Hoy por ti, mañana por mí".
Ya sé que por andar haciendo buenas acciones en la calle, Dios puede bendecirme más de 10 veces en un día; y que cuando un chileno dice que va a cuidarte ¡Vaya que lo hace!
Ahora los borrachos me divierten más que antes; y sé que el "Por favor váyase" no es algo que todos ellos puedan entender.
Comprendí que existen palabras fuertes, pero miradas aún peores... Y ahora entiendo a los que sí cooperaron, pero no tienen el sticker porque "Están en su derecho".
Para cuando viaje, ya sé que los brasileros quieren "Un techo para Brasil"; y al parecer, soy lo suficientemente tierna y fotogénica como para ganarme un aporte solidario.
Aprendí que la esposa de un chileno, aún si no está presente, puede salvarte de "Quién-sabe-qué", y después de saberlo pensé "Sería todo", pero no lo era.
Conocí de sonrisas maravillosas que no tenían un diente, y de corazones humildes que en realidad eran los más ricos... Conocí de sonrisas y de historias de calle... Conocí de la vida y de la realidad del voluntario: ¡Ahora sé tantas cosas nuevas!
Lástima que aún no aprendo cómo normalizar la forma de mis manos que adoptaron la de mi pesada alcancía y divertido rollo de stickers.
Hay que guardarse los prejuicios, y estar preparado para sacar el puño por si es que la sonrisa no da resultado.
Aprendí que el más humilde puede ser el más generoso; y que el orgullo de un niño que ha entregado la moneda de $100 que ahorraba en su pantalón, es más grande que cualquier cosa.
Supe por fin que en las calles la gente busca algo que cambie su rutina... Comprendí que mi sonrisa es perfecta para hacerlo.
Entendí que mientras más grande la sonrisa, más grande la cooperación; y que hay algunos que no entienden eso...
Aprendí que la gente agradece que les des la instancia de cooperar; y que muchos entienden el dicho que dice "Hoy por ti, mañana por mí".
Ya sé que por andar haciendo buenas acciones en la calle, Dios puede bendecirme más de 10 veces en un día; y que cuando un chileno dice que va a cuidarte ¡Vaya que lo hace!
Ahora los borrachos me divierten más que antes; y sé que el "Por favor váyase" no es algo que todos ellos puedan entender.
Comprendí que existen palabras fuertes, pero miradas aún peores... Y ahora entiendo a los que sí cooperaron, pero no tienen el sticker porque "Están en su derecho".
Para cuando viaje, ya sé que los brasileros quieren "Un techo para Brasil"; y al parecer, soy lo suficientemente tierna y fotogénica como para ganarme un aporte solidario.
Aprendí que la esposa de un chileno, aún si no está presente, puede salvarte de "Quién-sabe-qué", y después de saberlo pensé "Sería todo", pero no lo era.
Conocí de sonrisas maravillosas que no tenían un diente, y de corazones humildes que en realidad eran los más ricos... Conocí de sonrisas y de historias de calle... Conocí de la vida y de la realidad del voluntario: ¡Ahora sé tantas cosas nuevas!
Lástima que aún no aprendo cómo normalizar la forma de mis manos que adoptaron la de mi pesada alcancía y divertido rollo de stickers.
lunes, 4 de abril de 2011
Mi primera entrevista
Constanza Blanco tiene 28 años, y estudió periodismo en la Universidad Diego Portales de Santiago.
Ha trabajado en algunas revistas, además del diario ‘’El Mercurio’’ y una agencia de comunicaciones. Actualmente se encuentra en la Dirección Nacional de Comunicaciones de la Universidad Santo Tomás.
Ha trabajado en algunas revistas, además del diario ‘’El Mercurio’’ y una agencia de comunicaciones. Actualmente se encuentra en la Dirección Nacional de Comunicaciones de la Universidad Santo Tomás.
Constanza, ¿Cómo fue que te decidiste a estudiar periodismo?
Al salir del colegio siempre fue mi primera opción. Sentía que era la carrera en la que podía desarrollar todas mis aptitudes. Junto con esto, me llamaba la atención la importancia que cumplen los medios de comunicación en la sociedad, esa fue una de las cosas que me llevó a estudiar periodismo.
En un comienzo, ¿Qué enfoques pretendías darle a tu carrera?
En un comienzo, ¿Qué enfoques pretendías darle a tu carrera?
Cuando ingresé a estudiar no tenía muy claro las áreas en las que podía desarrollarme profesionalmente. Me llamaba la atención el periodismo investigativo y como mi fuerte siempre fue el periodismo escrito, quería enfocar mi carrera hacia esa área.
¿Cómo resultó eso? ¿Aún buscas enfocar tu carrera de la misma forma o han cambiado tus metas?
¿Cómo resultó eso? ¿Aún buscas enfocar tu carrera de la misma forma o han cambiado tus metas?
Al salir de la universidad trabajé en revistas y diarios, pero no fue lo que esperaba. Me empecé a cuestionar el haber estudiado periodismo, muchas veces fui testigo de lo poco valorada que es la profesión, la sobreoferta de profesionales y me di cuenta que tenía que seguir perfeccionándome.
Opté por hacer un diplomado en comunicaciones estratégicas, un área que no conocía mucho, pero sabía que tenía un campo laboral amplio. Mis metas hoy están enfocadas en seguir desarrollándome en esta área.
¿Qué cosa dirías tú que es lo más fascinante del periodismo?
Me gusta lo dinámica que es la profesión. Todas las mañanas te levantas sin saber cómo va a ser tu día, porque ninguno es igual al otro, siempre estás enterándote de cosas nuevas , conociendo personas y entablando relaciones, es una profesión por sobre todo muy social y eso me encanta. Lo otro que encuentro que es fascinante, es la responsabilidad social que tenemos.
¿Qué piensas del periodismo actual?
Como te comenté anteriormente cada día el periodismo cumple un mayor rol en la sociedad, nos hemos convertido en agentes fiscalizadores y eso es muy importante, pero también hay muchas faltas a la ética. Estamos en un momento donde reina la inmediatez y lo que se informa es lo que más vende. Se ha perdido la seriedad y muchos medios han olvidado que lo fundamental es la entrega de información de calidad, que lleven a un análisis.
¿A dónde crees tú que se dirige el periodismo con todo este surgimiento de redes sociales y la digitalización de la información?
El surgimiento de las redes sociales presenta un nuevo tipo de comunicación y el periodismo tiene que adecuarse a ello. La clave está en la inmediatez y en la participación ciudadana, los medios deben adaptarse a ello e incorporar estos nuevos códigos al periodismo.
¿Admiras a algún periodista en particular?
Admiro a las personas que aman su profesión y se entregan a ella. Si tuviera que elegir a un periodista, el primero que se me viene a la mente es Danilo Díaz, Premio Nacional de periodismo deportivo 2009. Fue mi profesor de este ramo y en cada clase nos transmitía una pasión que nunca antes había visto.
¿Cuáles son para ti las características más importantes que debe poseer quien lleva a cabo este oficio?
El periodista debe ser curioso, busquilla, estar siempre alerta, en la búsqueda de noticias y no quedarse con lo primero que le cuentan. Tiene que estar informado, ser proactivo, riguroso, y por sobre todo apasionado, esta es una profesión que necesita pasión y compromiso.
¿Cuál crees tú que es la importancia de los periodistas en nuestra sociedad?
Cumplimos un rol trascendental en todas las sociedades, generamos debates, análisis, denuncias, damos a conocer realidades. Lo que no comunicamos no existe, es una frase muy potente pero muy real y hay que tenerla siempre en cuenta y ser rigurosos en nuestro trabajo.
martes, 22 de marzo de 2011
Mechoneo
¿Cuál es el significado de ésta palabra? ¿Por qué esta tradición se mantiene intacta en muchas universidades, a pesar de los múltiples problemas que ya han habido a causa de ella?
Hoy, saliendo del metro escuela militar, me topé con tres estudiantes de derecho de la universidad Pedro de Valdivia. Estaban descalzos, con su ropa rasgada, los cuerpos pintados, el pelo sucio y con olor a 'quién-sabe-qué'.
Les pregunté cuánto tiempo llevaban ahí pidiendo plata, y me dijeron que entre dos y tres horas...
Ahora, imagen esto: Treinta grados de calor, descalzo pisando el suelo sucio, y con un montón de asquerosos ingredientes fermentando sobre ti... Lo más impresionante, es que esa NO es la peor parte del tan conocido ''mechoneo''.
¿De dónde surgió la cultura?
- Quien sabe... Pero me parece que es tiempo de terminarla ya.
Quisiera hacer un llamado a mi generación, a que reflexionen y sean capaces de darse cuenta de que el mechoneo no conduce a nada bueno, y que no es más que una situación sumamente decadente que demuestra las falencias de nuestra sociedad.
¿Por qué en algunas universidades este ridículo ritual se repite año tras año?
Probablemente se trate de un MODELO MENTAL (paradigma), que ya es tiempo de superar.
Podría asegurar que los adolescentes que hoy mechonearon a los tres chicos que yo me encontré a la salida del metro, lo hicieron por mera imitación. De seguro jamás se detuvieron a pensar si sería bueno hacerlo, o no.
El mechoneo no sólo es estúpido y carente de significado, sino que también es una intrínseca violación a los derechos humanos. Atenta contra la integridad física de las personas sin discriminación alguna.
Si nos detenemos en cifras, probablemente caigamos en números gigantezcos: De mechoneados, de comida tirada, y de tiempo y dinero perdidos.
Mientras que miles de personas mueren de hambre, estos inconcientes adolescentes malgastan huevos, harina y agua entre otras cosas, tan sólo por llevar a cabo una tradición que no conduce a nada positivo.
Ahora... ¿Cuál será el valor de una polera común?
Arriesguémonos con una cifra baja: Una polera simple, comprada en patronato, debe tener un precio promedio de tres mil pesos. Ahora, multipliquen esta cifra por el número de estudiantes mechoneados cada año. El resultado... Tírenlo a la basura. Desperdicio total de una polera que podía ser reusada por un hermano pequeño, un primo, o incluso una persona necesitada.
En esta última parte, me lanzaré a lo medioambiental.
Considerando que cada uno de esos alumnos llegará a sus casas a darse una ducha de -al menos- una hora, ¿Pueden imaginar más o menos la cantidad de agua malgastada?
Según http://www.veoverde.com/, una ducha de 5 minutos gasta en promedio 95 litros de agua. Saquen cuentas.
Y tú, ¿Vas a continuar la tradición?
Hoy, saliendo del metro escuela militar, me topé con tres estudiantes de derecho de la universidad Pedro de Valdivia. Estaban descalzos, con su ropa rasgada, los cuerpos pintados, el pelo sucio y con olor a 'quién-sabe-qué'.
Les pregunté cuánto tiempo llevaban ahí pidiendo plata, y me dijeron que entre dos y tres horas...
Ahora, imagen esto: Treinta grados de calor, descalzo pisando el suelo sucio, y con un montón de asquerosos ingredientes fermentando sobre ti... Lo más impresionante, es que esa NO es la peor parte del tan conocido ''mechoneo''.
¿De dónde surgió la cultura?
- Quien sabe... Pero me parece que es tiempo de terminarla ya.
Quisiera hacer un llamado a mi generación, a que reflexionen y sean capaces de darse cuenta de que el mechoneo no conduce a nada bueno, y que no es más que una situación sumamente decadente que demuestra las falencias de nuestra sociedad.
¿Por qué en algunas universidades este ridículo ritual se repite año tras año?
Probablemente se trate de un MODELO MENTAL (paradigma), que ya es tiempo de superar.
Podría asegurar que los adolescentes que hoy mechonearon a los tres chicos que yo me encontré a la salida del metro, lo hicieron por mera imitación. De seguro jamás se detuvieron a pensar si sería bueno hacerlo, o no.
El mechoneo no sólo es estúpido y carente de significado, sino que también es una intrínseca violación a los derechos humanos. Atenta contra la integridad física de las personas sin discriminación alguna.
Si nos detenemos en cifras, probablemente caigamos en números gigantezcos: De mechoneados, de comida tirada, y de tiempo y dinero perdidos.
Mientras que miles de personas mueren de hambre, estos inconcientes adolescentes malgastan huevos, harina y agua entre otras cosas, tan sólo por llevar a cabo una tradición que no conduce a nada positivo.
Ahora... ¿Cuál será el valor de una polera común?
Arriesguémonos con una cifra baja: Una polera simple, comprada en patronato, debe tener un precio promedio de tres mil pesos. Ahora, multipliquen esta cifra por el número de estudiantes mechoneados cada año. El resultado... Tírenlo a la basura. Desperdicio total de una polera que podía ser reusada por un hermano pequeño, un primo, o incluso una persona necesitada.
En esta última parte, me lanzaré a lo medioambiental.
Considerando que cada uno de esos alumnos llegará a sus casas a darse una ducha de -al menos- una hora, ¿Pueden imaginar más o menos la cantidad de agua malgastada?
Según http://www.veoverde.com/, una ducha de 5 minutos gasta en promedio 95 litros de agua. Saquen cuentas.
Y tú, ¿Vas a continuar la tradición?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









